En el Hérault, muchos pueblos tienen su propio animal totémico. Esta tradición se remonta a la Edad Media, época en la que las leyendas se transmitían de velada en velada, mezclando hechos históricos y folclore popular. Estos animales encarnaban los temores colectivos —el lobo que acecha, el jabalí que arrasa los cultivos—, pero también las esperanzas y las victorias de la comunidad frente a la adversidad.
Fabricados en madera, tela y cartón, pintados con colores vivos, estos tótems son llevados por los habitantes, que se deslizan dentro de la estructura. Al ritmo de las fanfarrias y las abadias, desfilan durante las fiestas votivas, los carnavales y los desfiles. Algunos tienen mandíbulas articuladas accionadas por una cuerda, otros salpican a los espectadores, todos crean un vínculo directo entre el pasado y el presente, entre la leyenda y la realidad.
El archipiélago de Thau cuenta con varios de estos guardianes legendarios. Cada uno tiene su historia, su personalidad y su papel en la vida festiva del pueblo. Vamos a conocerlos.

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