MarseillanEntre la laguna y el Mediterráneo
Marseillan se extiende entre dos aguas y dos mundos. Por un lado, la laguna de Thau y sus criaderos de ostras que brillan bajo el sol del Languedoc; por otro, los 6 kilómetros de playas de arena fina de Marseillan-Plage que se abren al Mediterráneo. Entre ambos, una ciudad que ha sabido atravesar los siglos con elegancia, impulsada por sus viñedos, sus mariscos y la inimitable casa Noilly Prat. Antiguo puerto pesquero convertido en el siglo XIX en un importante puerto comercial dedicado al vino y a los licores, Marseillan ha sabido conservar toda su autenticidad a lo largo de los muelles, entre antiguas casas de comerciantes, bodegas y fachadas llenas de carácter. La reserva natural de Bagnas, santuario de flamencos rosados y garzas reales, completa este generoso cuadro en el que la naturaleza se asoma a cada recoveco del camino.
Porque Marseillan vive a su propio ritmo: el de las aguas tranquilas de la laguna, las terrazas que cobran vida al final del día, los mercados que rebosan de sabores locales y los paseos a lo largo del Canal del Midi. Aquí, todo invita a tomarse su tiempo: una cata de vermú en el patio de la casa Noilly Prat, una excursión en barco hacia la punta de los Onglous, una bandeja de ostras frente al agua. Marseillan es ese destino con esa cualidad poco común de saber ser bello sin esfuerzo, generoso sin ostentación e inolvidable sin que uno se lo espere.



























