
Limance'thau
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Todo empieza en una cocina del sur de Francia, donde Claire y Mathieu preparan un limoncello casero que suelen servir en las comidas familiares y las veladas con amigos. «Mi madre nos preparaba limoncello casero en las comidas familiares, y lo tomábamos», cuenta Mathieu. Ante el entusiasmo recurrente de sus allegados por este licor de limón, la idea germinó poco a poco como un limonero al sol: ¿y si esta receta familiar se convirtiera en una auténtica marca?
Tras unos dos años de reflexión, pruebas y preparativos, la pareja decide oficialmente lanzarse. «Nos dijimos: vamos a lanzarnos a la producción. Pensaba que iba a ser un poco complicado con los trámites administrativos porque el alcohol está muy gravado, como el tabaco. Y, de hecho, lo conseguimos, lo logramos », explica Mathieu.

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Limonce’Thau es, ante todo, una historia de familia. El nombre en sí surgió de una charla distendida: «Buscábamos un nombre simpático y pegadizo, y nos decantamos por “le petit somme” porque, después de la siesta, uno se toma algo y echa una cabezada, y además nuestra familia se llama Somme. Y entonces, entre risas y charla, a alguien se le ocurrió «Limonce’Thau». ¡Es genial! ».
El arraigo territorial es el núcleo del proyecto. Con sede en Mèze, a orillas de la laguna de Thau, la empresa asume plenamente su identidad local. «Queremos seguir siendo locales», afirma Mathieu. Esta filosofía se refleja en todos los aspectos de la producción: las botellas proceden de una fábrica de vidrio de Lunel, las etiquetas las fabrica en Mèze un pequeño artesano local.
La propia identidad visual habla del territorio: los dibujos de la etiqueta, creados por la cuñada de Mathieu, que es dibujante, representan la cuenca de Thau con sus criaderos de ostras. En la parte trasera de la botella, un texto poético inspirado en una canción de Brassens, ideado por Claire, la mujer de Mathieu, añade un toque mediterráneo y cultural.
«Queremos seguir siendo locales », afirma Mathieu con determinación. «Todo es local, excepto el limón». Por ahora… Porque el sueño, por supuesto, es plantar sus propios limoneros. «Cuando tienes un nombre así, la gente espera que el limón sea de la cuenca. » Próximamente echarán raíces una decena de árboles, primeros embajadores de una producción 100 % local. Un proyecto a largo plazo que se adapta al ritmo del sur: nos tomamos nuestro tiempo, hacemos las cosas bien.
Abre la puerta del taller. Aquí no hay grandes máquinas relucientes, sino movimientos precisos y una atención minuciosa a cada detalle. El proceso es sencillo en apariencia, pero complejo en realidad: «Maceramos el limón con alcohol y luego preparamos un almíbar a base de azúcar y agua. Y lo mezclamos todo».
Pero el verdadero secreto está en pelar los limones. Cientos de kilos pasan por las manos de la familia. «No se pone el limón macerado, sino solo la cáscara. Hay que pelarla lo más fina posible porque, si se deja demasiada parte blanca, le da un sabor amargo. » Una máquina especial ayuda en esta delicada tarea, pero es toda la tribu la que se moviliza. «¡Huele de maravilla cuando estás allí, todo el mundo está entre limones! »
De este taller familiar salen unas 1000 botellas al año. Cada una cuenta esta misma historia de paciencia, saber hacer y amor por el trabajo bien hecho.

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La aventura sigue escribiéndose. Ya hay un segundo producto en proyecto: «Orangecello», un licor a base de naranja y mandarina. «Tiene un color naranja precioso y además está buenísimo». Previsto para el año que viene, este nuevo producto vendrá a enriquecer la gama con el mismo rigor artesanal.
Los limoneros echarán raíces. La producción se perfeccionará. Quizá algún día puedas visitar el taller y ver con tus propios ojos cómo nace este licor solar. Pero, por ahora, Limonce’Thau avanza a su ritmo, el de la cuenca de Thau: entre tradición y modernidad, entre trabajo y dolce vita, entre familia y compartir.
➡️ Puntos de venta: Tiendas de la Oficina de Turismo del Archipiélago de Thau, Carrefour de Balaruc-les-Bains, tiendas de vinos.
Dirección: 27 rue des Chênes Verts, 34140 Mèze
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