Cyrielle nació en Saint-Brieuc, en Bretaña. De adolescente, tomó clases de alfarería durante las vacaciones de verano, una pasión que permanecería latente durante años. La cerámica volvió a su vida de adulta, como un refugio durante sus estudios. «Cuando necesitaba despejar la mente, retomé las clases de cerámica. Era un pasatiempo que me permitía desconectar de verdad».
En 2017, todo cambia. Una amiga restauradora le encarga unos cuencos que no encuentra en las tiendas. Al mismo tiempo, Cyrielle descubre Sète. El flechazo es inmediato. Deja su trabajo y crea Terre Singulière. «Sucedió sin más, tenía que ser así».
El nombre de su taller ya lo dice todo. Paul Valéry apodaba a Sète «la Isla Singular». Cuando Cyrielle empieza a trabajar la arcilla en esta ciudad, la asociación surge de forma natural: Terre Singulière. Más tarde, cuando traslada su taller a la calle Paul Valéry, «me dije que las estrellas se habían alineado».




















