Hubo un tiempo en el que los canales que bordeaban este barrio eran un lugar muy popular para bañarse. Muchos habitantes de Sète aprendieron a nadar allí en los años 50, en las dos piscinas habilitadas por los dos míticos clubes de natación de Sète, los Dauphins y los Dockers. Desde siempre, el canal ha sido escenario de competiciones deportivas, entre las que destacan las travesías a nado de Sète durante las fiestas de San Luis, las regatas de remo tradicional y la travesía a nado con aletas, en primavera.
Desde el puente de la Civette, vista de la segunda isla artificial de la ciudad. Rodeados de canales, estos antiguos pantanos reciben este nombre porque ya en 1685 se autorizó allí una «bordigue» —una pesquería entre juncos—.
En el siglo XIX, el puerto se desarrolló gracias al comercio del vino, la madera, el azufre, los cereales, el hierro… La construcción de la estación de tren al otro extremo de este barrio, inaugurada en 1861 (la tercera línea ferroviaria francesa en entrar en servicio), contribuyó a esta expansión.
La población de la ciudad se triplicó entre 1820 y 1870, y la urbanización se extendió hacia el estanque de Thau. El barrio de la Bordigue es testimonio de esta época de prosperidad: edificios de estilo haussmanniano y un teatro a la italiana.






