La laguna de Thau esconde bajo sus aguas un tesoro desconocido: uno de los prados de zostera más extensos de la costa del Languedoc. Estas praderas submarinas cubren casi un tercio de la laguna, es decir, 2 400 hectáreas. Conviven dos especies: Zostera marina y Zostera noltii, plantas marinas que parecen largas hierbas ondulando con la corriente.
Estas praderas desempeñan un papel crucial. Viveros para los peces, zona de desove, hábitat privilegiado para decenas de especies: cumplen la triple función de refugio, despensa y maternidad. Su estado de conservación es testimonio de la buena salud de la laguna. La ausencia de mareas en el Mediterráneo les ofrece condiciones ideales: un espesor de agua constante que evita la congelación y permite su mantenimiento mediante reproducción vegetativa.
En cuanto a la fauna acuática, las cifras hablan por sí solas. La laguna alberga 88 especies de peces, de las cuales 16 son sedentarias, como el caballito de mar moteado, el blenio pavo real o el espirografo. De ellas, 17 se consideran raras y 40 excepcionales. Los moluscos suman 70 especies (sepias, almejas, ostras, mejillones), los crustáceos 110 especies (cangrejos, camarones, pulgas de mar), los equinodermos 12 especies (estrellas de mar, erizos de mar), sin contar las 18 especies de celentéreos (corales, anémonas, medusas).
El plancton también abunda: 125 especies de zooplancton (crustáceos microscópicos, larvas de peces y moluscos), más de 100 especies de protozoos, 196 especies de plantas y 100 especies de fitoplancton. Esta extraordinaria riqueza explica por qué la laguna alcanza una profundidad máxima de 11 metros, lo que la clasifica como la más profunda del Languedoc después del estanque de Berre.















